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Mansion
PURGARTORIO
Tomás Eloy Martínez
"Un desaparecido es una incógnita, no tiene entidad, no está ni vivo ni muerto, no está. Es un
desaparecido."
Emilia ha pasado tres décadas buscando a su marido Simón, que desapareció durante la dictadura militar argentina. Lo ha buscado por todas partes, dejándose llevar a veces por la intuición, otras por los sueños, hasta encontrarlo sentado en un bar de New Jersey, charlando en inglés con sus compañeros de mesa. Para asombro de Emilia, Simón apenas ha cambiado: conserva el mismo aspecto, parece varado en los treinta años y viste pantalón de pata de elefante y una camisa que recuerda al John Travolta de Fiebre del
sábado noche.
Sigue siendo tal como ella lo recuerda.
Una vez reunidos, Emilia, que sigue trabajando de cartógrafa, cree poder llenar los huecos de una relación que, a pesar del tiempo y la distancia, la han alentado a seguir adelante todos aquellos años, y de esos huecos se sirve el autor para mostrarnos el periodo en que Argentina estuvo gobernada por los
militares.
Tomás Eloy Martínez reconstruye un terrible episodio de la reciente historia de Argentina, que envuelve de ficción para contarnos lo que fue de su país desde el momento en que cayó en manos de los crueles manipuladores de la realidad, capaces de hacer que desapareciera todo. «No sólo desaparecía gente: ríos,
lagos, estaciones de tren, ciudades a medio hacer se desvanecían en el aire como si jamás hubieran existido. Era infinito el saqueo de lo que ya no estaba y de lo que podría haber sido.»
La lectura es un constante vaivén entre el pasado y el presente, sin que Tomás Eloy Martínez permita que uno imponga su realidad al otro. En la Argentina de la dictadura, seguimos los pasos de Emilia, enamorada de un Simón a quien apenas tuvo tiempo de conocer cuando ambos se dedicaban profesionalmente
a la cartografía. «Nos hemos pasado la vida haciendo mapas, apunta Simón, y todavía no sé para qué sirven. A veces me pregunto si son tan sólo metáforas del mundo.»
En palabras del autor «La escritura no es sólo el acto de transformar la imaginación en lenguaje, sino el descubrimiento de que ese lenguaje desencadena una realidad inesperada y nueva que te rehace, que te permite ser otro, muchos otros. Los días son mucho más ricos si el libro no se te baja de la cabeza, si te impregna de vida todo el tiempo.»
Fiel a su concepción de la literatura, echa mano de la realidad y la transforma hasta lograr que nos planteemos por qué en ocasiones el mal, en su empeño por justificarse y perpetuarse, logra que atravesemos la línea que separa la ficción de lo real y seamos capaces de justificar lo injustificable, de callar cuando deberíamos protestar. Y mientras ante los ojos del lector se desarrolla la trama de una historia de amor capaz de transgredir todas las fronteras, asistimos a una reflexión sobre la corrupción y la
perversidad del poder.
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